La noche de San Juan. Un deseo escrito en un papel que se consume entre las llamas de la hoguera más cercana. "Que vuelvan las flechas azules". Ella nunca ha creído en estas cosas, pero a veces un poco de ilusión no viene mal. Y un mes después, están aquí. Han vuelto. Las flechas azules han vuelto para salvarla. Cuando ya no lo esperaba. Cuando toda la esperanza había desaparecido. Cuando había dado por terminada su lucha y había afrontado su destino. Él las ha traído para salvarla. Porque aunque estemos cansados de escuchar eso de "las mejores cosas ocurren cuando menos te las esperas", hay que tenerlo siempre en mente. Porque es verdad. Nada ocurre cuando quieres. Y la cosa está en esperar. O mejor dicho, en dejar de esperar.
Y es que supongo que el amor es así. Igual que las llamas de las hogueras en la noche de San Juan. Tiene momentos en los que parece que el fuego nunca se apagará. Las llamas llegan hasta la luna. Y tiene momentos en los que parece que no hay forma de que la hoguera se vuelva a encender. Pero se enciende. Después de unos meses de días grises, incluso negros, todo se llena de azul. De su mirada y de su sonrisa. Y la misma barrera que los separó una vez, es la barrera que ahora están dispuestos a cruzar. Juntos. O al menos intentarlo. Porque ya se lo dijo él: "No puedo escapar de ti.". Y quizá sí que haya medias naranjas. O personas unidas por el destino. O al menos, es algo en lo que a ella le gusta creer.
1 comentario:
Primero, que lindo!
Segundo, yo voy a una parroquia llamada San Juan Bautista, y anduve en lo de la fogata acá... Lástima que en Argentina no está tan arraigada esta tradición.
Finalmente, más sobre el relato, creo que la creencia es mas fuerte que la realidad. Que nuestra mente tiene el poder de superarlo todo, hasta la muerte misma... Y si, hay que esperar, o dejar de esperar y pasar a la acción. En ver cuándo es tiempo para cada cosa está nuestra libertad de actuar o esperar. No es poco.
Saludos!
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