
Una casa. Una habitación. Un color. Ellas dos.
-¿Cómo era?... Ah si.. Ninguna relación humana contempla la posibilidad de que uno se halle en posesión del otro. En cualquier pareja de almas, las dos son absolutamente diversas. Tanto en la amistad como en el amor, ambas, codo con codo, levantan las manos juntas para encontrar aquello que ninguna de las dos puede alcanzar por sí sola.
- Oye, ¿por qué siempre andas con ese tipo de frases e ideas? ¡Quedate con una y ya basta! ¡Te pasas la vida filosofando!
-Vale ya, ¿a qué viene esto? Yo solo quería contarte cual es mi idea de relación, del amor. Cuando perteneces a alguien, deja de estar bien, te limita, te arriegas a perderte a tí misma. Yo quiero un amor libre,
GRANDE, un paraíso. Y no es nada fácil encontrar alguien que piense igual...
-¿Tú que sabes? Si nunca te lanzas...
Silencio. Las dos callan. Una porque sabe que lo que acaba de decir ha llegado al corazón de su amiga. La otra porque sabe que esas palabras son verdaderas, que nunca se lanza, que es demasiado tímida para esas cosas y que por eso está sola.
Aunque haya silencio, en la mente de la segunda las voces no cesan. Pasan por su mente todas las veces que ha tenido oportunidades que, por timidez, ha dejado escapar. Todas las veces que se ha arrepentido por ello. Todas las veces que ha querido volver atrás. Todas las veces que ha soñado con lo que podría haber pasado.. sueños que parecían verdad, pero no, no lo eran. Se pregunta por qué es tan diferente a su amiga y le gustaría ser como ella... pero no es ella, y se lamenta. Entonces lo decide. Ésta vez luchará por lo que quiere, luchará por encontrarlo y no dejará escapar la ocasión. Si, lo va a hacer y lo va a conseguir... ya se imagina como será, lo que dirá... pero entonces se da cuenta... es tal y como las otras veces. Lo imagina. Lo sueña.
Pero ella sabe que cuando llegue el momento volverá a salir su timidez, esa que tanto odia, surgirá de nuevo, y todo se irá al garete, otra vez.